El diseño, el otro pilar de la lectura fácil

Imagen con el texto: el diseño es simple, por eso es tan complicado, de Paul Rand

La lectura fácil, como técnica de comunicación, no sólo abarca los aspectos textuales, que son fundamentales. Un texto también se encuentra en un marco con el que interactúa, el soporte, y con unos contenidos que le completan y refuerzan, las ilustraciones. Además, hay cuestiones que facilitan la legibilidad, como la tipografía y la presentación del texto en página.

No por añadir más imágenes, el texto resulta más fácil. La imagen debe ser pertinente y coherente con el contenido que se presenta. Además, es preferible que se sitúe siempre en el lado izquierdo con el texto al que acompaña en la derecha. De este modo, se refuerza la lógica entre imagen y texto. Además, es conveniente que las imagenes sean realistas y se eviten las abstracciones. En realidad, es una pauta que también está presente en la forma de redactar y, por tanto, debe mantenerse con las ilustraciones.

Una cuestión que no es menor es la tipografía. La facilidad que ofrecen las aplicaciones informáticas para disponer de diferentes tipos de letras y modificarlas como negritas, cursivas, con adornos y subrayados, puede crear una saturación que complicará el interés por el contenido. Dos tipos de letra como máximo (para distinguir títulos y cuerpo de texto), tipos de letra de palo seco (también llamadas sans serif, es decir, sin remate, como Arial, Verdana, Helvética o Tahoma, entre las múltiples opciones), evitar la cursiva y utilizar la negrita de forma muy selectiva son algunos de los principios básicos.

Por último, la puesta en página, la maquetación, es fundamental para reforzar el atractivo del texto. La tendencia debe ser a favorecer el blanco con márgenes amplios, interlineados de 1,5 (para no separar excesivamente las líneas y generar confusión sobre la continuidad del texto) y generar una distribución ordenada y poco densa de la página en general. Estas pautas son aplicables tanto a papel como a soporte digital, aunque en este último caso, las directrices deben ir acompañadas con cuestiones de usabilidad que trataremos más adelante.

La lectura fácil no coarta el diseño, pero marca unas pautas para que este se convierta en un elemento de refuerzo de la comprensión, no de distorsión, en donde aspectos estéticos se sobrepongan al fin fundamental: hacer accesibles los contenidos a todas las personas. Las recomendaciones sobre el diseño en lectura fácil se pueden obtener de forma más extendida en apartado 2 del capítulo 4 del libro “Lectura fácil: métodos de redacción y evaluación“.

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