Lectura fácil y finanzas

Rompecabezas de un billete de 100 euros

El lenguaje financiero es, junto con el lenguaje jurídico, uno de los que despierta más dificultades de comprensión. Posiblemente, hay otros ámbitos lingüísticos complejos, como la ciencia, pero los temas financieros y jurídicos nos afectan de forma directa y habitual a todas las personas. Pensemos que todos tenemos una cuenta corriente, una tarjeta de débito o incluso una hipoteca. Algunos también tienen inversiones. Todos estos servicios financieros van vinculados a una montaña de papeles ininteligibles, tanto por el vocabulario como por la presentación del documento.

¿Qué dice la legislación? En España, el Ministerio de Hacienda, el Banco de España y la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) han regulado algunas cuestiones.

La Orden de transparencia y protección del cliente de servicios bancarios de 2011 dice explícitamente que la información precontractual de servicios bancarios “deberá ser clara, oportuna y suficiente, objetiva y no engañosa y habrá de entregarse con la debida antelación” y desglosa los datos obligatorios que deben aparecer en la información contractual. También añade que las comunicaciones al cliente deberán “resultar suficientes para que el destinatario más habitual de la misma comprenda adecuadamente los términos esenciales del servicio”.  Por último, señala que toda la información y documentación bancaria estará redactada “en términos fácilmente comprensibles, de manera claramente legible”. El Banco de España aprobó una circular de 2012 de desarrollo de la orden ministerial que profundiza en estas cuestiones.

Así mismo, existe un Reglamento europeo que regula la forma de los documentos con los datos fundamentales para el inversor, como los de fondos de inversión. En concreto, indica que este documento “estará redactado con claridad y en un lenguaje que facilite la comprensión, por parte del inversor, de la información que se le transmite”, y que, en particular “sea sucinto, claro y comprensible”, así como evite “el uso de jerga” y de “términos técnicos cuando puedan emplearse en su lugar palabras de uso corriente”. Además, la CNMV tiene una página web que pretende divulgar de forma sencilla este tipo de cuestiones. Un parte de su contenido está adaptado a lectura fácil.

Sin embargo, todavía los documentos bancarios y para inversores siguen siendo muy complejos para el ciudadano medio. Un lenguaje sencillo ofrece confianza. En el caso de cuestiones comerciales, la confianza se traduce en compra. Si una persona confía en su entidad, comprará no un producto, sino varios y además lo recomendará en su entorno. El uso de la lectura fácil abre esta puerta.

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