El turismo y la lectura fácil

Dos turistas: una mujer mira un plano y un hombre saca una foto

¿En qué ambito del turismo se puede aplicar la lectura fácil? La pregunta podría más bien formularse al revés, porque precisamente la lectura fácil tiene muchas opciones de aplicación en este ámbito. Conviene recordar que desde 1980 se habla de turismo accesible. En aquel año, la Organización Mundial del Turismo (OMT) publicó la Declaración de Manila, en la que se reconoce el turismo como un derecho fundamental de las personas y recomienda la regulación de los servicios en aspectos de accesibilidad. Un salto importante fue en 2005, cuando la OMT aprobó la resolución “Hacia un turismo accesible para todos”, que subrayaba la necesidad de proporcionar una información clara sobre la accesibilidad de las instalaciones turísticas, la disponibilidad de servicios de apoyo y la formación del personal en temas de accesibilidad y discapacidad.

La Plataforma Representativa Estatal de Personas con Discapacidad Física (PREDIF) ha apostado desde sus inicios por el turismo accesible y elabora unas guías exhaustivas de accesibilidad de diversos tipos de establecimientos turísticos: hoteles, restaurantes, museos, espacios naturales, monumentos… En las dos últimas guías, de espacios de ocio y de Vías Verdes, se incluyen adaptaciones de textos a lectura fácil en las partes dedicadas a la accesibilidad cognitiva de los espacios. De este modo, las personas con discapacidad intelectual encuentran información adecuada a sus necesidades para disfrutar del turismo.

Dar información en lectura fácil en guías turísticas es el inicio. ¿Por qué no deberían existir versiones en lectura fácil de las guías de servicios de los hoteles? ¿Y respecto a los museos? Pensemos en las cartelas, en folletos y guías, en paneles… esa información que habitualmente abusa de términos y formas cultas o que asemejan ser cultas para crear barreras y mantener que los museos parezcan templos restringidos en vez de espacios abiertos de difusión cultural. ¿Qué decir de la información en los planos turísticos y en la orientación por diversos espacios, donde la lectura fácil se puede combinar con el wayfinding? En definitiva, el turismo es un ámbito de actividad abierto a todas las personas y que todos tenemos derecho a disfrutar. La iniciativa de PREDIF es la punta de lanza que, esperemos, abra más experiencias similares.

Lectura fácil y finanzas

Rompecabezas de un billete de 100 euros

El lenguaje financiero es, junto con el lenguaje jurídico, uno de los que despierta más dificultades de comprensión. Posiblemente, hay otros ámbitos lingüísticos complejos, como la ciencia, pero los temas financieros y jurídicos nos afectan de forma directa y habitual a todas las personas. Pensemos que todos tenemos una cuenta corriente, una tarjeta de débito o incluso una hipoteca. Algunos también tienen inversiones. Todos estos servicios financieros van vinculados a una montaña de papeles ininteligibles, tanto por el vocabulario como por la presentación del documento.

¿Qué dice la legislación? En España, el Ministerio de Hacienda, el Banco de España y la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) han regulado algunas cuestiones.

La Orden de transparencia y protección del cliente de servicios bancarios de 2011 dice explícitamente que la información precontractual de servicios bancarios “deberá ser clara, oportuna y suficiente, objetiva y no engañosa y habrá de entregarse con la debida antelación” y desglosa los datos obligatorios que deben aparecer en la información contractual. También añade que las comunicaciones al cliente deberán “resultar suficientes para que el destinatario más habitual de la misma comprenda adecuadamente los términos esenciales del servicio”.  Por último, señala que toda la información y documentación bancaria estará redactada “en términos fácilmente comprensibles, de manera claramente legible”. El Banco de España aprobó una circular de 2012 de desarrollo de la orden ministerial que profundiza en estas cuestiones.

Así mismo, existe un Reglamento europeo que regula la forma de los documentos con los datos fundamentales para el inversor, como los de fondos de inversión. En concreto, indica que este documento “estará redactado con claridad y en un lenguaje que facilite la comprensión, por parte del inversor, de la información que se le transmite”, y que, en particular “sea sucinto, claro y comprensible”, así como evite “el uso de jerga” y de “términos técnicos cuando puedan emplearse en su lugar palabras de uso corriente”. Además, la CNMV tiene una página web que pretende divulgar de forma sencilla este tipo de cuestiones. Un parte de su contenido está adaptado a lectura fácil.

Sin embargo, todavía los documentos bancarios y para inversores siguen siendo muy complejos para el ciudadano medio. Un lenguaje sencillo ofrece confianza. En el caso de cuestiones comerciales, la confianza se traduce en compra. Si una persona confía en su entidad, comprará no un producto, sino varios y además lo recomendará en su entorno. El uso de la lectura fácil abre esta puerta.

El diseño, el otro pilar de la lectura fácil

Imagen con el texto: el diseño es simple, por eso es tan complicado, de Paul Rand

La lectura fácil, como técnica de comunicación, no sólo abarca los aspectos textuales, que son fundamentales. Un texto también se encuentra en un marco con el que interactúa, el soporte, y con unos contenidos que le completan y refuerzan, las ilustraciones. Además, hay cuestiones que facilitan la legibilidad, como la tipografía y la presentación del texto en página.

No por añadir más imágenes, el texto resulta más fácil. La imagen debe ser pertinente y coherente con el contenido que se presenta. Además, es preferible que se sitúe siempre en el lado izquierdo con el texto al que acompaña en la derecha. De este modo, se refuerza la lógica entre imagen y texto. Además, es conveniente que las imagenes sean realistas y se eviten las abstracciones. En realidad, es una pauta que también está presente en la forma de redactar y, por tanto, debe mantenerse con las ilustraciones.

Una cuestión que no es menor es la tipografía. La facilidad que ofrecen las aplicaciones informáticas para disponer de diferentes tipos de letras y modificarlas como negritas, cursivas, con adornos y subrayados, puede crear una saturación que complicará el interés por el contenido. Dos tipos de letra como máximo (para distinguir títulos y cuerpo de texto), tipos de letra de palo seco (también llamadas sans serif, es decir, sin remate, como Arial, Verdana, Helvética o Tahoma, entre las múltiples opciones), evitar la cursiva y utilizar la negrita de forma muy selectiva son algunos de los principios básicos.

Por último, la puesta en página, la maquetación, es fundamental para reforzar el atractivo del texto. La tendencia debe ser a favorecer el blanco con márgenes amplios, interlineados de 1,5 (para no separar excesivamente las líneas y generar confusión sobre la continuidad del texto) y generar una distribución ordenada y poco densa de la página en general. Estas pautas son aplicables tanto a papel como a soporte digital, aunque en este último caso, las directrices deben ir acompañadas con cuestiones de usabilidad que trataremos más adelante.

La lectura fácil no coarta el diseño, pero marca unas pautas para que este se convierta en un elemento de refuerzo de la comprensión, no de distorsión, en donde aspectos estéticos se sobrepongan al fin fundamental: hacer accesibles los contenidos a todas las personas. Las recomendaciones sobre el diseño en lectura fácil se pueden obtener de forma más extendida en apartado 2 del capítulo 4 del libro “Lectura fácil: métodos de redacción y evaluación“.

Una sentencia en lectura fácil

Ricardo Adair, joven mexicano de 25 años con síndrome de Asperger

Parece que poco a poco empiezan a registrarse ejemplos de la aplicación de la lectura fácil a ámbitos complejos. Hoy os hablamos de una sentencia dictada por la Suprema Corte de Justicia de México en torno al caso de Ricardo Adair (en la foto), un joven de 25 años con síndrome de Asperger. El tribunal ha amparado al joven en su deseo de que se tenga en cuenta su opinión a la hora de tomar decisiones y se evaluará su tutorización permanente. La materia es compleja y los magistrados, hasta ahora, no han sido muy sensibles para acercar sus decisiones a unos ciudadanos a los que prestan un servicio esencial.

El texto recoge al final el contenido de la sentencia en lectura fácil, explicando en 10 puntos el significado y alcance de la misma para que el demandante pudiera comprenderla. Sencillo, claro, sin coste añadido y, lo fundamental, centrado en satisfacer una necesidad específica de una persona.

Ya hemos citado en un post anterior el trabajo realizado en España por la Comisión para la Modernización del Lenguaje Jurídico. Sin embargo, parece que unos magistrados de México han dado con la clave principal: más allá de informes y métodos, se trata de poner el mensaje al servicio del receptor.

El trabajo previo de la lectura fácil

Pagina manuscrita con correcciones y una pluma encima

La adaptación de un texto a lectura fácil no es, ni mucho menos, un trabajo sencillo. Tampoco es un trabajo automático. Por el contrario, requiere de reflexión y de un tiempo previo en el que estudiar detenidamente el texto. De este modo, la adaptación tendrá éxito. Si se plantea como un ejercicio mecánico en el que se busca una fórmula para acortar frases de un texto original, no hay lectura fácil, sino un puro pastiche.

Antes de adaptar, hay un proceso que requiere una familiarización con el texto. Conocer su origen, su autor, su época o el público al que se dirige, sobre todo en los textos literarios, nos permitirá obtener una explicación del contenido: ¿por qué utiliza determinado vocabulario? ¿Por qué elige determinadas estructuras? ¿Por qué organiza el texto de una determinada manera? Determinar estos detalles importantes serán una ayuda fundamental para conseguir que la adaptación pueda mantener el tono original, puesto que, como hay que recordar, la lectura fácil debe conseguir mantener el contenido y el espíritu original del autor y la obra.

Posteriormente, hay que detenerse en las ideas principales, los temas y subtemas, las tramas y los personajes (si son textos literarios). Un esquema adecuado facilitará el trabajo posterior de recreación. En algunos casos, sobre todo en los textos informativos, habrá que alterar el orden para conseguir el deseado efecto comunicativo. En otros casos, como en la literatura, habrá que seleccionar tramas y personajes, para centrarnos en los fundamentales y eliminar aquéllos que son superfluos o tienen un papel poco relevante.

Después de este análisis, es importante detenerse en la forma del vocabulario, sus campos semánticos, su complejidad y su abstracción. El estudio de estos aspectos nos facilitará tomar decisiones acerca de las palabras que mantener o que sustituir por otros sinónimos más comunes, o plantearse la creación de glosarios específicos.

Por último, antes de empezar la adaptación, también hay que plantearse el acompañamiento gráfico y plantearse el diseño y la maquetación de la publicación. No hay que olvidar que una publicación en lectura fácil no se compone sólo de palabras, sino que es un conjunto de elementos que, unidos, facilitan la comprensión lectora a todas las personas.