La calle 25, una buena práctica de lectura fácil

Portada de "La calle 25"

María José Marrodán es una pedagoga riojana que también tiene inclinaciones literarias. Además de publicar poesía y relatos, se ha lanzado a la lectura fácil con una iniciativa verdaderamente innovadora: escribir novelas en lectura fácil en las que las personas con discapacidad intelectual van más allá de las pruebas de contraste de comprensión y participan activamente en la obra, casi en un proceso de cocreación.

“La calle 25” es su segunda obra de estas características, después de haber publicado hace cuatro años “El misterio de los marcos desaparecidos”. Se trata de un relato en el que la discapacidad intelectual aparece sin quedar marcada ni estigmatizada. Por el contrario, la imagen se normaliza, se integra en la sociedad. El protagonista tiene una discapacidad intelectual, pero el lector lo percibe de forma indirecta. De este modo, esta obra contribuye a incluir socialmente a este colectivo, sin ponerle una etiqueta, sino subrayando su carácter de persona.

Por otra parte, en los aspectos de técnica, cuida mucho el vocabulario, con frases muy cercanas a formulaciones orales y diálogos que agilizan la narración. Las ilustraciones son un punto opuesto a lo experimentado en “El misterio de los marcos desaparecidos”: se alejan del realismo y se hacen más creativas, pero con formas definidas e interpretables.

Un aspecto importante es el resumen al final de cada capítulo, que permite hacer una solución original: primero, porque refuerza el recuerdo a personas con alguna dificultad cognitiva de memoria; y segundo, porque permite dar una alternativa de lectura a personas que tienen un nivel lector más bajo. Así, de un modo indirecto, el libro permite la lectura para dos niveles de lectores.

La historia es sencilla, agradable y cotidiana, sin pretensiones ni extravagancias. Es una novela en la que las personas con discapacidad intelectual se pueden sentir reflejadas, con preocupaciones y problemas habituales, como las relaciones sociales o el conocimiento de un entorno nuevo. Sólo esperamos que esta buena práctica tenga continuidad y que María José Marrodán vuelva a publicar más narraciones de este formato. Satisfacer las necesidades lectoras de un público tan específico es, desafortunadamente, un ejemplo todavía poco habitual.

La evaluación con lectores, certificado de calidad

Un grupo de personas de diferentes características sujetan cada una un libro

La lectura fácil es un método de redacción y de publicación global, ya que las pautas no se limitan al texto, sino también al diseño en su sentido más amplio, contemplando ilustraciones, tipografía y maquetación, con independencia del soporte (sea papel o formato digital). Este método cuenta con unas pautas, explicitadas en los textos de referencia que hemos señalado en otras ocasiones (ver en la página “Nuestra experiencia”, apartado de Publicaciones).

Las pautas de lectura fácil son una condición necesaria, pero no suficiente, para asegurar que el texto es accesible para personas con dificultades de comprensión lectora. ¿Qué más hay que hacer? Evaluar, como en todas las soluciones de diseño para todos. En este caso, la evaluación se realiza a través de una prueba de contraste con lectores. ¿De qué sirve redactar un texto en un formato comprensible que luego no se comprende? De este modo, nos aseguramos de que se han aplicado correctamente las pautas y nos permite realizar ajustes sobre lo redactado.

Contar con los lectores es el fundamento de la lectura fácil. Esta forma de redacción se hace para ellos, para conseguir atraerles a la lectura y para fomentar que a través de ella se ejerzan otros derechos, como la participación social, el acceso a la educación y a la cultura, o la autodeterminación y la toma de decisiones. Algunas novelas, como las escritas por la pedagoga María José Marrodán, son tan estrictas en el seguimiento de las pruebas de contraste, que se realizan en paralelo a la redacción de la propia obra.

Las adaptaciones de dilofácil se hacen contando con estas pruebas de contraste. Sólo una obra adaptada siguiendo las pautas y contrastada con lectores merece ser denominada realmente de lectura fácil. En nuestro ámbito, sobran los logotipos, marcas o sellos que se emitan como certificados si no están respaldados por esta forma de trabajo. Ante todo, la lectura fácil es una forma de trabajar con el texto para acercarlo a todas las personas.