La lectura fácil también implica un diseño adecuado

Página de manual del Proyecto Ríos adaptado a lectura fácil

Una de las guerras continuas que existen en torno a las publicaciones de lectura fácil es el diseño, la maquetación y las ilustraciones. Es difícil encontrar profesionales sensibles para que hagan un diseño adecuado a las pautas, pero que no sea simple. ¡Es fácil, no simple! Además, no implica que se coarte la creatividad, sino que se adapte a unas necesidades concretas. En muchos casos, los problemas vienen por una cuestión de estilo propio, no querer renunciar a propias inercias. En otros, cuando haces recomendaciones (por ser cortés y no llamarlas “indicaciones”), te dicen: “Bueno, son recomendaciones, ¿no? No pasa nada si no las sigo”. Ante este comentario, se te queda cara de póker.

Un ejemplo de buena práctica es el de la ilustración de este post. Muchas de las recomendaciones de diseño para publicaciones de lectura fácil son de pura lógica y son necesarias, porque la forma también importa. Una presentación cómoda, agradable a la vista, invita más a leer. Se trata de que todo favorezca eso que queremos conseguir: la inclusión lectora. Esto obliga a cambiar mentalidades y conceptos previos. No obstante, muchas son tendencias que poco a poco se imponen:

  • Un interlineado mayor
  • Un tipo de letra sin remate y de tamaño más grande del habitual
  • Evitar los efectos tipográficos
  • Olvidarse de los textos justificados y dejar la alineación solo a la izquierda
  • Hacer unos márgenes más amplios
  • Incluir imágenes preferentemente fotográficas o ilustraciones realistas
  • Apoyarse en el color para diferenciar capítulos o secciones, sin ser distorsionante

El listado es solo una muestra de cuestiones que se explican de forma más extensa en algunas referencias bibliográficas, como en “Lectura fácil: métodos de redacción y evaluación” o “Información para todos“. Algunas cuestiones son más específicas, como los cortes de líneas coincidiendo con segmentos gramaticales para evitar el corte abrupto de las líneas cuando llegan al margen. Normalmente, te dicen que “parece poesía” con un gesto entre extrañado y mohíno. Pero es que es una pauta muy importante para la lectura fácil y hay que cumplirla.

Hablar de lectura fácil también es hablar de diseño más sencillo y accesible. Todavía es necesario que muchos diseñadores desaprendan para que vuelvan a aceptar que las publicaciones deben responder a las necesidades de los lectores a los que se dirigen. Mientras tanto, seguiremos luchando para hacer ver que las recomendaciones de diseño para lectura fácil son más que unas simples orientaciones.

El diseño, el otro pilar de la lectura fácil

Imagen con el texto: el diseño es simple, por eso es tan complicado, de Paul Rand

La lectura fácil, como técnica de comunicación, no sólo abarca los aspectos textuales, que son fundamentales. Un texto también se encuentra en un marco con el que interactúa, el soporte, y con unos contenidos que le completan y refuerzan, las ilustraciones. Además, hay cuestiones que facilitan la legibilidad, como la tipografía y la presentación del texto en página.

No por añadir más imágenes, el texto resulta más fácil. La imagen debe ser pertinente y coherente con el contenido que se presenta. Además, es preferible que se sitúe siempre en el lado izquierdo con el texto al que acompaña en la derecha. De este modo, se refuerza la lógica entre imagen y texto. Además, es conveniente que las imagenes sean realistas y se eviten las abstracciones. En realidad, es una pauta que también está presente en la forma de redactar y, por tanto, debe mantenerse con las ilustraciones.

Una cuestión que no es menor es la tipografía. La facilidad que ofrecen las aplicaciones informáticas para disponer de diferentes tipos de letras y modificarlas como negritas, cursivas, con adornos y subrayados, puede crear una saturación que complicará el interés por el contenido. Dos tipos de letra como máximo (para distinguir títulos y cuerpo de texto), tipos de letra de palo seco (también llamadas sans serif, es decir, sin remate, como Arial, Verdana, Helvética o Tahoma, entre las múltiples opciones), evitar la cursiva y utilizar la negrita de forma muy selectiva son algunos de los principios básicos.

Por último, la puesta en página, la maquetación, es fundamental para reforzar el atractivo del texto. La tendencia debe ser a favorecer el blanco con márgenes amplios, interlineados de 1,5 (para no separar excesivamente las líneas y generar confusión sobre la continuidad del texto) y generar una distribución ordenada y poco densa de la página en general. Estas pautas son aplicables tanto a papel como a soporte digital, aunque en este último caso, las directrices deben ir acompañadas con cuestiones de usabilidad que trataremos más adelante.

La lectura fácil no coarta el diseño, pero marca unas pautas para que este se convierta en un elemento de refuerzo de la comprensión, no de distorsión, en donde aspectos estéticos se sobrepongan al fin fundamental: hacer accesibles los contenidos a todas las personas. Las recomendaciones sobre el diseño en lectura fácil se pueden obtener de forma más extendida en apartado 2 del capítulo 4 del libro “Lectura fácil: métodos de redacción y evaluación“.